Os presento el ensayo escrito por SusiGa, la mujer que más me ha impresionado y que es dueña de una importante parte de mí.
 
 
Un saludo de manolo
LUNA-ÁTICA

Como jamás me había sentido,...

Sólo pienso en una cosa: en encontrar a una mujer que me haga olvidar a otra.

No es que la otra signifique mucho para mí, vamos que, no es la mujer de mi vida, pero una ruptura siempre sienta mal. No sé, aún no me he acostumbrado.

De todas formas siempre es lo mismo, siempre necesitas a alguien en tu vida, a alguien a quien conquistar. Todo se repite una y otra vez, con la misma intensidad que la anterior, sólo deformas las caras y cambias las formas.

Todo es una espiral, una gran espiral, un culebrón de espiral, una espiral negra, que todo el mundo lleva inscrito en la frente o en la espalda, grapada en la piel, y hay quien debajo de la piel, para que nadie vea el rumbo de su vida, ¿Por qué?. Pues no lo sé, tal vez para que no descubramos sus malas intenciones o sus evangélicos sueños, que destruyen a los demás poco a poco, o para no atormentarse inútilmente. Todo les parece inútil sólo viven para recordar lo vivido, la mísera nostalgia que les ahoga. Se pierden cada segundo, cada minuto de vida fresca, en añorar costras de vida pasada, esa capa de tormentos que todos arrastramos, y que ellos abanderan.

Siento como el tiempo se escapa de mis manos y no puedo hacer nada, no sé qué hacer, cómo sentirme a gusto. Sólo necesito pararme a pensar una milésima de segundo para reconocer que no me compensa vivir. La mayor parte de mi vida la he pasado sufriendo, entristecido, nunca he tenido lo que he querido, y lo que he querido me ha sido arrebatado ¡No, qué digo!, Estoy muy equivocado, me llegó de mala manera y en peores condiciones me dejó, con un zarpazo mayor que el que me dieron la última vez. Y no sirve de nada. El amor es así, al menos el que llega a mis manos y acaricia mi cuerpo, tal vez sea por que está lleno de heridas, ¡pero no!, Ya están secas y curadas.

Bueno, no hay que deprimirse, ellas tenían poco que ofrecerme, cuando las conocí fue lo primero que pensé, y de todas pensé lo mismo.

Paso la mayor parte del día en casa, así, de aquella manera, preguntándome y respondiéndome a mí mismo, llega un momento que te aburres, ya no sabes qué preguntar ni qué contestar, pero lo prefiero a salir a la calle. Aquí me mantengo a salvo, apartado de las conversaciones ajenas, de las preguntas inoportunas y de saludar a indeseables. Todo el mundo me parece indeseable cuando paseo por la calle, no quiero que nadie me salude. Aquí, sólo espero a que llegue la noche y terminar con 20 cigarrillos en el cenicero, ni más ni menos que 20. Desparramo mi vida con alegría en un cenicero y en varias tazas de café solo, para colmo, ¡qué desgracia!.

Si sabes cual es el día más feliz de tu vida es porque también has conocido el peor, será ley de vida, o serás un desgraciado como yo.

¿Qué estará haciendo ahora la otra?. La que me quita las ganas de vivir, la que hoy no me da la vida. No lo sé, pero sería el colmo si está buscando a otra persona para olvidarse de mí. No lo creo, porque eso, sólo me sucede a mí. La conquista no es mi fuerte, además, sólo de pensarlo me da pereza. Será mejor que hoy me quede en casa y deje a las chicas para otro día que esté de mejor ánimo.

Odio la vulgaridad, y yo soy tan vulgar que me odio.

Soy tan horriblemente vulgar que cada segundo me odio más. ¿Por qué será el tiempo tan importante para mí?. Yo, que intento cada día pasar a través del tiempo y él que se empeña en lo contrario, en pasar a través mío. Los dos lo intentamos con la misma intensidad, no sé al final quién ganará.

Una luz blanca a través de mis manos resuelve el problema. Ese color rojo, las venas dibujadas que terminan en agujas me dan la clave para comprender el ansia de matar, de ver brotar la sangre roja y caliente. Es una sensación extraña, con miles de imágenes confusas enredándose en mi cabeza como una espiral, el fuego en el cuerpo me hierve la sangre envenenada por muerte, pero me encanta. Hoy me encuentro de mejor ánimo, hoy saldré a buscar compañía deseable o indeseable.

Le veo bailar, y antes le vi vestirse, maquillarse los ojos, las pestañas, arreglarse las cejas, y pintarse con una línea muy fina el borde de su boca, que no se detendrá hasta llenarse de sangre, y yo no se lo impediré, y cuando la vea seduciendo y oiga alejarse sus pasos en la calle, tomaré de su víctima la última gota de sangre, besaré sus labios en la herida y corriendo iré a buscarla, de nuevo iré a bailar a su lado.

Ella, tiene otra espiral, una espiral muy negra clavada en la espalda, muy distinta a las que yo he visto, y distinta a la mía. La mía, también es distinta a las demás. Las demás tienen otra vulgaridad. Hay muchos tipos de vulgaridad, ¡no lo sabíais!. Otro día os las mencionaré, ahora no me apetece.

Se acerca la noche y no tengo nada que destacar de hoy, sólo mi deseo de volver a verla.

Me hago una pregunta, una y otra vez, la pregunta constante y la constante duda. A veces no preguntas por temer la respuesta que te deje sin respiración. Así me he pasado todo el día; bueno, ella me lo dirá.

Llega mi madre, le tomo prestado el abrigo y antes de colgarlo lo huelo. Me encanta ese olor a madre, ese olor a protección que despide una madre, que se posa en su ropa y que sus hijos huelen, al menos yo. Seguro que viene de dar un paseo, un paseo largo de esos que yo solía hacer con ella, y que ya no hago.

Prefiero no quedarme con la duda y salgo de mi habitación en su búsqueda, me la encuentro en la cocina colocando no sé qué cosa en la nevera.

¿Mamá de dónde vienes? Le pregunto.

- De dar un largo paseo. Me dice.

Lo veis, yo sabía de donde venía, aunque eso no es difícil, mi madre sale de paseo todos los días, todos los días igual. Eso me encanta, nunca se cansa.

Estoy enfermo de amor, hace días que lo vengo notando.

Anteayer salí por la noche a buscarla y no encontré nada. No encontré nada interesante, solamente vi en un bar a la otra en compañía de otro y muy contentos, por cierto, me saludaron.

Con lo que yo odio que me saluden.

Cuándo me presentó al otro, casi me desmayo, tuve que salir de allí corriendo, ¡menos mal!. No soporto la felicidad enlatada al vacío, como unas lonchas de jamón.

Por más que me miro no consigo reconocerme, ¿quién soy?. Creo que nada, ni hombre ni mujer. La gente se dirige a mí y me habla. La gente no se cree tan tonta como para hablar con alguien que no existe. Creo que soy una persona y que me ven porque estoy lleno de dudas y de odio.

Cuando yo era niño, era feliz y cuando observo algunos niños, los veo felices, entonces, ¿por qué después algunos somos tan infelices?. Creo que nos hacen, creo que si de niños no son felices nunca lo serán y lo que es peor, hacen infelices a los demás. Ya tengo otro problema, ya tengo otra duda ¿dónde esta el coño niño que me hizo infeliz?. Bueno... no puedo perder el tiempo en buscar a un niño que me robó la felicidad cuando estoy buscando a una mujer que me hace cuatro veces más feliz, me da la gloria, me regalará el paraíso y no sé cuantas cosas más.

Hace tiempo que no me llama, que no se comunica conmigo, tengo que encontrarla. Por mis manos ya no pasa la sangre roja ni veo las venas y no quiero sentir la nostalgia, eso me mataría una vez más. Necesito sentirme como la otra noche, necesito besarla, necesito verla.

Así pasan los días y unas cuantas semanas, y en mi papelera ya no entran más cigarrillos, me veré obligado a tirarla a la basura y colocar otra bolsa de plástico con letras publicitarias del supermercado de la esquina.

Los compromisos me obligan a salir a la calle y a enfrentarme una vez más a espirales sosas. Me resulta imposible ver a una mujer y no imaginármela en la cama, y ninguna me sorprende, pero la situación da morbo. Mientras camino, me doy cuenta que mis andares son espantosos, tengo una forma de mover las piernas que debe de resultar ofensivo para cualquiera, lo es hasta para mí. Pero cuanto más quiero corregirlo, peor me sale; dejaré de intentarlo o me caeré al suelo. ¡Para que quiero piernas si tengo alas para volar!

Vivo en un ático para no oír los pasos de la gente cuando pasean. Bueno ¡no!, Mi motivo no es tan vulgar, vivo en un luna-ático para tocar lo que algunos sólo ven: el cielo, y para desplegar mis alas que casi siempre están plegadas, y para ver las luces de la ciudad y para mojarme la cabeza antes que nadie cuando llueve.

Miro a través de la ventana y sólo veo odio. Odio del vecino del segundo por el del primero, que tiene un patio grande y hermoso que el del segundo desearía para meter a todos sus hijos, que son como demonios. Le vendría muy bien un espacio así de lustroso para encerrarlos todo el día, expuestos a la lluvia y al frío. Ella, "puta" y su marido está orgulloso de ella. Mi ventana es bastante fea y las persianas aún más y las cortinas son peores. Pero me da igual, no las necesito para nada.

Por fin una alegría y una buena palabra, ni lo recordaba, estoy harto de tener conversaciones estáticas, de cruzar palabras que no llegan a ningún sitio, harto de frases medidas para no comunicar absolutamente nada, pero de repente llegó ella, como la palabra perfecta resuelta en una figura de hermana, no una de ellas, sino la hermana. No hablamos mucho, tal vez porque es innecesario, yo soy de pocas palabras, en realidad odio utilizar las palabras si me puedo comunicar de otra manera, y con ella puedo, aunque esté en la otra habitación o en el cuarto de baño haciendo no sé qué cosa. Hoy es un buen día, y espero que no se quede sólo en eso, espero más de ella, la hermana, y no fumarme 20 cigarrillos más, que ya sumarían 40, demasiados para un cuerpo como el mío, ya tan envenenado.

Los días siguen pasando y pasando, unos sobre otros y todos encima de mí, nada detiene mi mirada. Hoy estoy un poco más triste que otros días, tal vez sea por la música, o tal vez no. Miro desesperado las agujas del reloj, ¡inútiles son!. Que pena ser aguja de reloj, siempre ahí encerrado, sintiendo el paso del tiempo.

Hoy es viernes y los viernes mi madre, la que da largos paseos, viene a cenar, y cenamos su plato preferido, siempre lo mismo. Mi madre es como yo, de ideas fijas. Así que yo aprovecho y salgo a comprar la comida para toda la semana. Entre mi casa y el supermercado hay una Iglesia Cristiana, Católica, Apostólica y Romana, siempre está cerrada, parece un club privado, pero hoy no, hoy están haciendo limpieza. Y al mirar veo una imagen maravillosa que detiene mi mirada y mis pasos se dirigen hacia ella: son velas, ¡no!, Son cirios, ¡qué imagen tan agradable!. Cuánto calor desprenden. Los veo como arden, uno tras otro y uno sobre otro. Hay cientos, me gusta verlos arder, veo como la cera de los cirios se derrama y cae sobre sí y sobre otros que son cientos. Caen sobre una plataforma construida para la ocasión. Cuántas penitencias desmesuradas, creo que soy afortunado.

Continuará...

Ella dijo continuará, después de contarme una historia increíble, una historia que nadie se podía creer, pero no era fea. Creo recordar que era un cuento, no me acuerdo, sólo sé que me quedé en la cama dormido, a su lado, estaba tan a gusto. Ella, es una de ellas, una de tantas, una más, que ya no me da nada, ni tiene nada que aportarme, solo visitas sorpresa y yo odio las sorpresas, siempre me dan malas sorpresas. Esa noche estaba inspirada y decidió contarme la historia y para colmo no conocía el final, ¡esa era la sorpresa!. Al despertar recordé que había soñado con la historia o con el cuento, al parecer hizo mas efecto en el inconsciente que en el consciente, eso suele pasar. Por mi cabeza pasaban, circulaban y chocaban imágenes de formas y de conductas sociales obligadas, superficiales, deformes y consumistas, que decían palabras con mensajes moralistas, con moraleja, y con refranes. Yo, odio los refranes, me ponen la piel de gallina, me recuerdan a los anuncios de la televisión. Solo hubo una frase que despertó mi sueño placentero, una frase que aún recuerdo y nunca podré olvidar. La recuerdo textualmente, letra por letra y palabra por palabra, no sólo la idea, ni el significado, lo recuerdo todo, le sucedía a la protagonista. A ella, le protagonista, la pasaba lo mismo que a mí, "cuando lo tienes casi todo, lo quieres todo".

Daría mi vida, a cambio de nada, o por pasar un día, un solo día, veinticuatro horas, mil cuatrocientos cuarenta minutos, en El País De Las Hadas. Disfrutaría cada segundo, viendo como juegan alrededor mío cuerpos jamás imaginados, que no son humanos ni tampoco son sirenas, ¡oh, qué asco!, Esos cuerpos cubiertos de escamas, para eso ya tengo el mío cubierto de heridas con costras ya secas, nada de sirenas, odio las sirenas.

El País De Las Hadas, un país lleno de formas negras y un mar rojo que guarda el secreto de la felicidad en unos cuerpos blancos y menudos que nunca se mueven sino que se deslizan para no asustarte. Allí nada es violento, ni una mirada, ni una palabra, ni una sonrisa, ni un saludo, todo es armonía, menos cuando miras al mar. ¿Qué tendrán en el cuerpo, que les quedará, después de haber llenado un mar de sangre?, No lo sé, pero deseo llegar para preguntarlo. Ya estoy nervioso otra vez, me imaginaba allí pasando un rato agradable con mi espiral preferida. No consigo la paz, creía que el País De Las Hadas me la daría, pero ya veo que es imposible. Ella me persigue allá donde vaya, mi mente no descansará hasta que no la vea de nuevo.

Cuando no hay nadie en casa me pongo a bailar, una canción tras otra. Apenas me muevo del sitio, agito mis brazos y extiendo mis manos, así me siento libre. Doy vueltas alrededor mío hasta caer al suelo. Me incorporo de nuevo y muevo la cabeza sin control, algún día me haré daño. No tengo ningún sentido del ritmo, sólo me dejo llevar. Mientras bailo, mi figura negra se refleja en el retrato reciente de mi sobrino haciendo la comunión, esto estropea mi danza salvaje, mi imagen de anticristo, mi ritual y ceremoniosa coreografía libertaria. Pero de nuevo sentí la llamada del Satán vestido de mujer, con sangre ultrarroja y veneno letal. Fue pura casualidad, alcé mis manos al infinito y se interpusieron entre la luz y mi mirada. De repente, una gran masa de veneno y sangre y agujas deslumbraron mis ojos. Llamaba inesperada. Yo que ya había dejado de sentir el ansia, el deseo y el amor, de repente todo floreció en mí como un árbol frondoso, lleno de hojas verdes y savia roja, sangre roja.

Estaba nervioso, la llamada se había producido y yo tenía que estar a la altura. Con la meticulosidad que, cuando quiero, me caracteriza, me dispuse a preparar mi indumentaria, a completar mi físico, todo, a todo detalle, jugando con los colores del pantalón y la camisa, retocando los accesorios, imprescindibles talismanes en el ritual de la pasión, un anillo, un reloj de bolsillo y un parche negro en el ojo izquierdo te permiten jugar con la seducción. No me lo puedo creer, mi cuerpo está a flor de piel, cuanto mejor son los preámbulos del amor que el amor en sí consumado. ¿Consumado en qué?, En unos contactos físicos que los repetimos una y otra vez hasta con los animales, los mejores amigos del hombre, los animales ¿no?.

Ya no existe nada para mí, ni el País de las Hadas, ni la hermana, ni la otra ni el otro que me producen mareos, nada me aporta más felicidad que el reencuentro con la espiral, con la mujer espiral, con la mujer.

Qué misteriosa figura, que gira y gira alrededor suyo. Aún no sé cómo es su voz, ni cuando habla qué dice, ni qué nos quiere comunicar, acertará con sus expresiones o se hará un lío como yo. Seguro que es precisa y calculadora como sus movimientos, dos más dos cuatro, y deja a la improvisación las curvas de su cuerpo que, como un laberinto, tienes que tocarlo para poder salir, tienes que dejar marcas por la piel para no pasar dos veces por el mismo sitio, eso sería desaprovechar la oportunidad de pasar el mejor momento de tu vida, y no es ninguna broma, para mí lo sería.

Por más que escucho una canción, una y otra vez, cada vez la siento diferente y ella hace que me sienta otro.

Después de haber trazado un plano desde mi ático, desde mi vista aérea, salgo de casa en su búsqueda. Recorro toda la ciudad, voy a toda velocidad, qué angustia y qué pena me doy; parezco un loco como si estuviese poseído, poseído y atrapado cayendo por una espiral. Mis torpes pasos cada vez son más rápidos y largos, y mi cuerpo empieza a tomar formas extrañas, desmedidas, no lo puedo controlar. Siento como mi cuerpo se inunda de una gran masa de luz blanca, como tocan mi piel cientos de manos, como se clavan en mis venas miles de agujas que envenenan, cada vez más, mi cuerpo. Flujos de sangre ultrarroja ciegan mis ojos, y solo quiero sentir y no oír, quiero llorar y no ver, quiero no estar y ser, ¿por qué ahora te siento y sé que no estás aquí?

Miro en todas las esquinas, hay esquinas que las miro más de una vez, ¡sé por qué!, Pero no encuentro nada, no hay ninguna señal para mí, ningún rastro que seguir, no veo cuerpos cubiertos de sangre, ni rastros de sangre, ni sangre envenenada.

Me dejo llevar por la intuición y decido ir directamente a la discoteca donde el primer día le vi bailar, y allí está ella, con una peluca, que no duda en quitarse después de bailar un buen rato, debe de dar mucho calor, aunque no para de bailar. Se mueve de un lado para otro, lo hace muy bien, lo hace demasiado bien, pero eso no me sorprende, de ella no.

La veo y la miro a los ojos, ella me mira pero no me ve, aún no se ha enterado de que existo. Entonces compruebo que todavía no tiene a su presa, aún no ha escogido a su próxima víctima, es demasiado pronto, allí solo hay caterva, menos ella. ¿Qué hace una chica como ella, a estas horas, en un lugar como éste?. Debe de estar esperando a que llegue la última remesa de cuerpos sabrosos, en la que me incluyo yo. ¡Creíais que tenía muy poca autoestima, no!., Pues es mentira, lo que pasa es que no estimo a nadie. Como no soporto hablar de mí, me dedico a hablar de lo que me rodea, y como odio todo lo que me rodea y todo lo que gira a mí alrededor, menos a ella, que no gira a mí alrededor, pero me gusta, hasta con peluca.

Me pongo a su lado a bailar, mi danza salvaje, mi danza tan particular, con mi sello personal, no quiero llamar la atención, pero la canción me estremece y llena mi cuerpo de ritmo, mis brazos al viento, es maravilloso. Ella sigue sin mirarme, yo parezco transparente, con lo que me ha costado elegir el atuendo y el empeño que he puesto, bueno, eso es lo de menos, lo importante es el interior, el alma, y yo entiendo mucho de alma, la mía es muy grande.

Ella me acaricia con la mano, la desliza por mi espalda, de abajo a arriba, hasta la nuca, qué escalofríos, casi me desmayo de placer. Es nuestro primer contacto, eso es una buena señal, la señal de guerra, entramos en combate. Me doy la vuelta y la veo alejarse con alguien que no puedo identificar, ¿qué es?, Un hombre o una mujer, tal vez sea como yo, una persona. No sé estar a la altura, me pongo a buscar el abrigo, ¿qué interés tiene en estos momentos un abrigo? ¡Ninguno!, Pues no lo encuentro. Y mis manos se inundan, por momentos, de una luz de color rojo, rojo fuerte, parece sangre. Salgo corriendo de allí. Una fuerza mayor me lleva por entre las calles, no puedo hacer nada. Un grito salvaje me asusta, cuando llego, el cuerpo de una mujer está en el suelo y ella se aleja, despacio, sin prisa, yo no la puedo detener, quiero irme a su lado, quiero decirle que estoy aquí, pero es imposible.

Lleno mi cara de sangre, la beso en la herida de su víctima, y salgo de allí corriendo, con dirección a ningún sitio, sin dirección, sin ruta. Las líneas de mis manos trazan un laberinto, una espiral, una espiral como la de ella. Sin querer, lo he conseguido, he conseguido ser parte de ella, ser su cómplice, tal vez seré su amante, ¿su amante? ¡No! Qué miedo. ¿Qué pasará ahora?. Es como imaginar que flotas, se parece al amor, pero no es lo mismo, es el consuelo de tontos, es el consuelo de tantos, ella es mi consuelo, me consuela cuando la miro, ella consuela mi ansia, el ansia de probarlo todo, la fuga de mi pasión que casi siempre me lleva a la perdición y se desparrama y se distrae en circunstancias insulsas que me dejan vacío. Cómo se lo diría, cómo le diría que la necesito, cómo empezaría, tal vez por la A o tal vez por la Z, pero como no lo sé no se lo diré. Si estuviese delante, tal vez me sería más fácil.

No sé dónde buscarla, ya la he perdido otra vez, mis pasos me llevan a ningún sitio, como hace un momento, y mientras respiro, entre una bocanada de aire y otra, suspiro por el momento que ha de llegar a proporcionarme la libertad, que aún teniéndola entre mi cuerpo y mi mente, me acecha, y no me deja respirar.

Unas lágrimas negras salen de mis ojos, ya cansados de mirar y no ver nada, las dejo ahí, que se mezclen con la sangre, con la roja sangre. Cansado de andar, de buscarla, de pensar en ella, de llorar, me dirijo a casa, a mi nido de ángeles, a mi lunaatica, cuando un escaparate llama mi atención, no precisamente por la exposición, sino por ver mi imagen reflejada, parezco un indio mapache con toda la cara pintada, parezco el rey de una tribu salvaje, de una tribu satánica. Algo se mezcla entre la sangre y mis lágrimas negras, que aun no han dejado de brotar, no consigo verlo, me quito el parche del ojo izquierdo y tampoco. Una inscripción imposible de descifrar dibuja mi cara y yo sigo sin poder verlo, parece una escritura, una escritura primitiva, satánica, parece que lleve ahí toda la vida. ¿No será una de mis heridas?. Parece que no. El azar siempre me ha dado suerte, me da buena espina la señal. Me acerco más al escaparate, y mis ojos, dejan de lloran, leen el emblema marcado en mi cara, que ella ha dibujado en mi piel. Mi cuerpo siente una repentina sacudida nerviosa, un sobresalto en el ánimo, quiero pronunciarlo pero no puedo, las dos palabras que ella me dice: "TE DESEO", se quedan grabadas en mi mente, como se fijó en mi memoria el primer juramento de amistad. Me quedé sin pulso, es como nadar a través de las experiencias y sentir que flotas en el futuro de la verdad y de la mentira, en el futuro virtual, como imaginar que tienes lo que no posees, que no estás donde estás sino donde sueñas estar, buscar otro estado de consciencia. Cerré los ojos y los volví a abrir, aún está allí su señal.

Continúo mi peregrinación a casa, a cobijarme entre las sábanas. No me limpio ni la cara, ni las manos, todo está perfecto, hasta yo.

Una vez recuperado el interés y las ganas de comunicar mis pensamientos, apuesto por divulgar lo que ahora me hace más feliz, estar cerca de ella y satisfacer mis deseos junto a ella y ser parte de ella.

... me siento a las mil maravillas.

FIN-END

Esto no es una dedicatoria. Es una llamada, una llamada a todas las personas que como yo, buscan la paz, buscan hacerse un hueco en esta sociedad, que no califico, pero no me gusta.

 
Pediría que todo fuese diferente, pero sería pedir en vano.

 
SusiGa 1995-1996 INVIERNO.
 

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